La clave de Mirta, la madre de Antonio

Antonio Guerrero y su familia

Mirta con su hijo Antonio Guerrero y su dos nietos.

“Todo el que está cerca de Mirta sonríe. Eso solo he visto que pasa también con Fidel.  Incluso  adversarios suyos no pueden evitar una sonrisa cuando se le aproximan…”La observación la hizo Frank Fernández mientras le dedicaba un cálido y deslumbrante  concierto, por sus 80 años, a la madre del héroe-poeta Antonio Guerrero Rodríguez.

La pequeña sala del Memorial a José Martí, con el apasionado pianista al centro, se estremeció durante cerca de una hora con piezas de diversos autores pero de una inocultable  y común esencia: el homenaje a la mujer-madre y a la mujer-nación.

El Ave María de Bach y Gounod, la popular  ”Madrecita”, “Damisela encantadora”, un par de sonoros valses , ”Tierra brava”, “La Gran Rebelión”, una habanera y una sonora conga santiaguera ¡a dos pianos¡  en los mágicos dedos de un solo gran intérprete, no fueron el único regalo que recibió de  la cultura cubana la madre del poeta preso.

Antes, Ernesto García Peña, cuya obra se exhibe en el Memorial, había obsequiado uno de sus cuadros a Mirtha, quien recorrió la instalación y recibió los homenajes al lado de la poetisa Fina García Marruz, que rara vez sale de su pequeño apartamento del Vedado, pero nada tiene de extraño que lo haga en el cumpleaños de la madre de uno de los seres más entrañables en su valiosa correspondencia.

Como parte de  los asistentes al  agasajo, reparé en la advertencia de Frank y  miré uno por uno todos los rostros reunidos. Desde Haydeé Díaz, la emblemática directora del Memorial, hasta los nietos de Mirta, efectivamente, todos reían o sonreían.  Pero el propio motivo de la celebración me hizo recordar que Mirta es también, seguramente, la madre que más nos ha hecho llorar a lo largo de los casi 14 años de injusta prisión del hijo y sus cuatro compañeros.

Hace apenas 48 horas, antes de comenzar el programa que cada domingo hacemos en Radio Rebelde para los Cinco, yo me preguntaba qué misteriosa energía tiene esta mujer que arrastra a todos con sus sentimientos, qué rara luz la ilumina para que nos simpatice lo mismo desde una lágrima que desde una sonrisa.

Entonces llegaron ellos: Mirta, su hija Maruchi, los hijos de ésta, Carlitos y Mari Carla; Tonito y Gabriel, los hijos de Tony y Diego, el primer biznieto. Durante años, todos han vivido, la mayor parte del tiempo, en la misma casa. La convivencia, ese pretexto que suelen esgrimir muchas personas para explicar rupturas y violencias entre seres queridos, parece operar en los Guerrero Rodríguez en sentido positivamente inverso. Jamás conocí una familia  más  larga y más unida.

Mirta, una mujer que casi muere tres veces de tristeza por pérdidas y lejanías -viuda de dos matrimonios y castigada a ver  injustamente preso a su noble hijo- conoce el poder sanador de una sonrisa y no se ha permitido ni un segundo de amargura o pesimismo.

Más aun,  a la  pregunta de cómo se siente, solo responde: “Agradecida. Y dispuesta a cumplir como sea el compromiso de esperar viva y saludable a mi hijo.” A su lado, los nietos, atentos a lo que pueda necesitar, van construyendo, con anécdotas, la historia sentimental de su abuela. Y  sin proponérselo, van develando el misterio de la sonrisa que ella provoca automáticamente en cuantos le rodean. La clave son los cantos,  los besos, los cuidados, las lecciones, los mimos, los juegos… La clave es el amor.  Lo dice  el hijo en el regalo que le hizo, verso a verso, desde una celda:

ELLA

Ella es el ave con alas de paloma blanca
que cruza día a día mi cielo.
Ella y yo tenemos un pacto de Amor indestructible.
Más bien, debo decir:
Ella me reveló la clave del Amor,
me enseñó a andar amando
que es la forma verdadera de andar.
Por ella conocí las primeras palabras y las canciones más dulces
que volaban de sus labios a mi pecho.

De ella aprendí el lenguaje de las caricias, de los besos
y de los ojos que hablan sin pronunciar palabras.
Su ternura siempre me rodea,
conmueve mis sentidos exquisitos,
es el pan de cada día de mi alma.

Su paz se abre ante mi como un lago
donde la tarde pinta sus pasajeras nubes
y la noche deja sus estrellas.
Repaso, continuamente, imágenes de Ella
con su pasión y su paciencia,
con su entereza y su dulzura,
sus manos volando entre el sol y la luna,
sus manos preservando las ropas, los platos, el orden y los sueños,
sus manos tocando las mías
borrando como un manantial de luz mis sombras.
Cuando ella habla en medio de su larga lucha
su voz cargada de verdad y de dolor
se expande como un corazón repartido.
Cuando ella ríe en la hora más oscura
su risa sube a la más alta cumbre
y conquista la alegría.

Cuando ella canta en la gran soledad de las distancias
su canto hace nido en la esperanza.
Todo se lo debo a Ella:
mi sangre, mis meditaciones,
mi generosidad, mi transparencia,
mi corazón sin tregua, mi armonía
y, por supuesto, mis versos.

Ella es para mi la más bella,
flor a flor, aurora por aurora.
Ella es tan hermosa como la brisa.
Ella es tan simple como la hierba.
Ella es mi novia única y eterna.
Ella es mi amada Madre.

Amigos, seguimos en contacto y en combate por la libertad.

Cinco abrazos !Venceremos!

Antonio Guerrero Rodríguez

21 de mayo de 2012

Prisión Federal de Marianna.

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